lunes, 27 de noviembre de 2017

CADA UNO LAS LLAMA DE DIFERENTE MANERA

¿Te suenan estas chucherías? Cada cual las hemos llamado de diferente forma.

Las golosinas llevan años en nuestra vida, pero seguimos siendo incapaces de ponernos de acuerdo a la hora de nombrarlas.


Chucherías con distintos nombres



Una de las chuches más polémicas es esa alargada, rosa y suave que tanto costaba masticar .El nombre de “nube” se ha coronado ganador, pero hay algunos que han defendido otras denominaciones, como “esponjita”. El más utilizado por los más mayores es el “jamón” y sabéis por qué es así?, pues porque una de las primeras formas que tubo este tipo de golosina blanda alargada y suave era la de un jamón. Ahora no tiene demasiado sentido llamarle jamón a un cilindro blando de colores pastel. Los más jóvenes se ven asombrados al oír nombrar a los más mayores a este tipo de golosinas con dicho nombre. ¿JAMÓN?

Otra chuchería que produce controversia al tener que ser nombrada es esa alargada y hueca por dentro que suele ser de color rojo o negro y que su nombre más utilizado es REGALIZ, aunque de regaliz no lleva nada. Aunque también es nombrada como tronco, pasta, torcida, puro, tronquito o incluso Sara como en Málaga.


Regaliz, tronco, torcida, tronquito



También tiene diferentes nombres la golosina líquida congelable enfundada en un tubo de plástico blando que los antiguos llamamos flash, como derivado de la marca inicialmente comercializadora BURMAR FLAX, pero que tiene como variantes los nombres de polín, poloflash, frigolosina …

Las gominolas que emulaban animales con varias patas tampoco son fáciles de diferenciar. ¿Es una araña o es un pulpo?

En definitiva en cada generación y en cada lugar a las chucherías las llamamos de diferentes maneras, cosa que me parece de lo más simpático y que no lleva a ninguna problema a la hora de comprar y comernos estas ricas golosinas.

martes, 21 de noviembre de 2017

¿Por qué la industria de la alimentación fabrica gominolas con piel de cerdo?

Un ingrediente presente desde hace siglos en nuestra gastronomía que sigue un proceso no apto para aprensivos y vegetarianos.

En la receta de las gominolas, esos bocados blanditos de variadas formas y colores, hay una verdad atronadora. El ingrediente más perturbador no es en este caso el azúcar ni el jarabe de glucosa, sino la gelatina de origen animal. 



Una materia prima no apta para aprensivos, vegetarianos, vegános y defensores de los animales que resulta de esterilizar, hervir, triturar y desecar piel, cartílagos y articulaciones porcinas y bovinas.

El objetivo de este proceso es extraer el colágeno animal muy purificado que recibe el nombre de gelatina, un polvo fino, inodoro e insípido que se utiliza para múltiples preparaciones, que nunca se ha mantenido en secreto y que de vez en cuando alguien recuerda con alguna connotación negativa.
El uso de la gelatina no plantea ningún inconveniente desde el punto de vista de la seguridad alimentaria ni desde el punto de vista tecnológico

La pregunta sería más bien ¿por qué no utilizarla?


La gelatina como un ingrediente en alimentación se remonta al siglo XV para la elaboración de algunas recetas, debido precisamente a sus propiedades tecnológicas. Además, recuerda, comemos gelatina cada vez que consumimos carne o derivados; como la textura gelatinosa que presenta el caldo de cocido al enfriarse, que no es sino la gelatina extraída durante la cocción a partir del colágeno que tienen la piel del tocino, los huesos de jamón etc.

Los fabricantes de gelatina defienden la extracción de colágeno de origen animal como mejor opción para darle consistencia a las golosinas. La principal explicación es que le da una textura única que no se rompe al morderla y que no hace daño a los dientes, lo que no logran otros gelificantes. También es más sostenible en tanto que aprovecha partes del animal que no se envían a la carnicería y su extracción más sencilla que otros procesos. Y, por supuesto, más barata. A los niños les encanta porque les rebota en los dientes y son más bonitas que las gominolas de pectinas vegetales.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El tamaño importa; y si es pequeño, mejor.

Quizás sea el resultado de la nueva locura por el pack de las 100 calorías, o quizás porque las compañías de dulces se están alineando con la nueva onda “quiero estar delgado pero no me resigno a mis gustos dulces”. Lo cierto es que la tendencia es reducir las porciones de las Snakcs de un solo bocado, o paquetes de golosinas en formato pequeño es lo que está imperando. Es una forma de no resignarse a comprar dulces y no tener ese remordimiento tan grande…
Las mismas golosinas cada vez son más reducidas.

Las chuches pequeñas son mejores

Pero nada comparable con Le Whif, un chocolate para inhalar creado por un profesor de Harvard. Con un sorbo de aire y chocolate, sin las calorías o la engordante manteca de cacao, vas a poder darte el gusto sin culpa alguna, algo que parece de un futuro muy lejano y que ya está en el mercado.
Qué será lo siguiente, ¿una golosina que se inocula en el ojo en forma de colirio?...

Cualquier cosa es posible en un futuro, y en el caso del mercado de las golosinas la cosa va tan avanzado como el de la gastronomía.