martes, 21 de noviembre de 2017

¿Por qué la industria de la alimentación fabrica gominolas con piel de cerdo?

Un ingrediente presente desde hace siglos en nuestra gastronomía que sigue un proceso no apto para aprensivos y vegetarianos.

En la receta de las gominolas, esos bocados blanditos de variadas formas y colores, hay una verdad atronadora. El ingrediente más perturbador no es en este caso el azúcar ni el jarabe de glucosa, sino la gelatina de origen animal. 



Una materia prima no apta para aprensivos, vegetarianos, vegános y defensores de los animales que resulta de esterilizar, hervir, triturar y desecar piel, cartílagos y articulaciones porcinas y bovinas.

El objetivo de este proceso es extraer el colágeno animal muy purificado que recibe el nombre de gelatina, un polvo fino, inodoro e insípido que se utiliza para múltiples preparaciones, que nunca se ha mantenido en secreto y que de vez en cuando alguien recuerda con alguna connotación negativa.
El uso de la gelatina no plantea ningún inconveniente desde el punto de vista de la seguridad alimentaria ni desde el punto de vista tecnológico

La pregunta sería más bien ¿por qué no utilizarla?


La gelatina como un ingrediente en alimentación se remonta al siglo XV para la elaboración de algunas recetas, debido precisamente a sus propiedades tecnológicas. Además, recuerda, comemos gelatina cada vez que consumimos carne o derivados; como la textura gelatinosa que presenta el caldo de cocido al enfriarse, que no es sino la gelatina extraída durante la cocción a partir del colágeno que tienen la piel del tocino, los huesos de jamón etc.

Los fabricantes de gelatina defienden la extracción de colágeno de origen animal como mejor opción para darle consistencia a las golosinas. La principal explicación es que le da una textura única que no se rompe al morderla y que no hace daño a los dientes, lo que no logran otros gelificantes. También es más sostenible en tanto que aprovecha partes del animal que no se envían a la carnicería y su extracción más sencilla que otros procesos. Y, por supuesto, más barata. A los niños les encanta porque les rebota en los dientes y son más bonitas que las gominolas de pectinas vegetales.

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